Conciencia Ecológica: Quien siembra, seguramente cosecha. Para que el hombre pueda continuar disfrutando de la belleza de las flores, del canto de los pájaros, de la sombra de los árboles, de la frescura del agua, de la dulzura de las frutas, del verdor del campo y de los nidos en las ramas, será absolutamente necesario que día tras día se cultive en todos los corazones, el amor por la madre naturaleza.
No hay causa sin efecto, la naturaleza es vida, es sabiduría y en ella están en concordancia la salud y por lo tanto, parte de nuestra felicidad. Cuando la ignorancia o el egoísmo de los hombres la destruye, se deja sentir sus funestas consecuencias: hambre, sed, dolor, enfermedad y muerte. Por lo tanto, todo lo grande y maravilloso de la existencia exige al hombre el noble sacrificio de renunciar de forma permanente a lo que a sus ojos y en un estado de completa apariencia, pueda resultar “pequeño”.